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Únete al canal de WhatsApp (se abre en una pestaña nueva)Pradera, Valle del Cauca. Hay mujeres que decidieron hacer del servicio policial su forma de vida. Mujeres que, detrás del uniforme, llevan consigo la sensibilidad, la vocación y el compromiso de acompañar a quienes encuentran en ellas una mano amiga.
En Pradera, la historia de la patrullera María Alejandra Núñez Alegría refleja esa entrega humana que caracteriza a las mujeres de la Policía Nacional de Colombia.
Con apenas 22 años y cuatro años de trayectoria institucional, esta uniformada, oriunda de Buenaventura, ha encontrado en el servicio comunitario una oportunidad para transformar vidas a través de pequeños gestos que dejan grandes huellas. Actualmente, se desempeña como gestora de participación ciudadana en la Estación de Policía Pradera, donde trabaja por fortalecer los lazos de confianza entre la institución y la comunidad.
Su labor comprende jornadas de prevención, integración ciudadana, recuperación de entornos y acompañamiento a poblaciones vulnerables. Sin embargo, entre las experiencias que han marcado su camino, hay una historia que le recordó que, en ocasiones, una conversación, una visita o una sencilla petición pueden encerrar los sentimientos más profundos del ser humano.
Todo comenzó en el hogar geriátrico La Divina Providencia, en Pradera, donde conoció a un adulto mayor al que todos llaman cariñosamente “Pachito”.
Su historia está marcada por dificultades personales y de salud. Según quienes lo acompañan, llegó al hogar después de sufrir un derrame cerebral y atravesar una situación de abandono. Pese a las adversidades, conserva una sonrisa que ilumina sus días y una ilusión que comparte cada vez que recibe la visita de los uniformados.
Entre conversaciones, anécdotas y muestras de afecto, Pachito tiene una petición que repite con especial emoción:
“¿Será que me pueden ayudar a conseguir un teléfono para poder hablar con mi enamorada Daniela?”
Su deseo ha tocado el corazón de la patrullera María Alejandra. Nadie conoce con certeza quién es Daniela ni todos los detalles de esa historia de amor que Pachito conserva en sus recuerdos. Lo que sí resulta evidente es la ilusión con la que pronuncia su nombre y la esperanza que mantiene viva al pensar en la posibilidad de volver a escucharla.
Para María Alejandra, este encuentro ha significado mucho más que una actividad de acompañamiento comunitario. Le ha permitido comprender que las necesidades de los adultos mayores no se limitan a la atención física: también requieren compañía, escucha, afecto y espacios en los que puedan sentirse valorados.
“Entendimos que nuestros adultos mayores no solo necesitan cuidados y atención; también necesitan ser escuchados, sentirse importantes y saber que no están solos. A veces, un momento de conversación o una visita puede significar más de lo que imaginamos”, expresa la patrullera.
A través de su trabajo, María Alejandra ha impactado positivamente a más de mil personas mediante actividades preventivas y de integración social. Cada encuentro reafirma su compromiso con una Policía cercana, humana y presente en los territorios, capaz de reconocer que detrás de cada ciudadano existe una historia que merece ser escuchada.
Su experiencia representa el aporte de las mujeres policías que, desde diferentes especialidades y responsabilidades, contribuyen diariamente a la seguridad, la convivencia y el bienestar de los colombianos. Mujeres que hacen de su profesión una vocación y que demuestran que la autoridad también se expresa mediante la empatía, la solidaridad y el respeto por la dignidad humana.
En el marco del Día de la Mujer Policía, que se conmemora cada 26 de octubre, la Policía Nacional exalta el legado, el liderazgo y la entrega de las mujeres que integran la institución. Su trabajo profesional y su compromiso humano están presentes en cada rincón del país, acompañando a las comunidades y construyendo confianza a través del servicio.
La historia de Pachito y Daniela todavía guarda preguntas por responder. Quizás algún día sea posible conocer el desenlace de ese anhelo. Mientras tanto, su petición continúa recordando a quienes lo visitan que nunca debemos subestimar el valor de escuchar, acompañar y ayudar a mantener viva la esperanza.
Porque detrás del uniforme de María Alejandra hay una mujer que eligió servir, proteger y estar presente. Una mujer policía que encuentra en las historias de su comunidad nuevas razones para continuar su misión.
Mujer Policía: servicio profesional, siempre presente.
“Dios y Patria”