En la Estación de Policía Cuba, en Pereira, hay un llamado que ya todos reconocen:
—¡Mamá Lina!
Así llama Sebastián a la patrullera Lina Sánchez, una mujer que encontró en el servicio algo más profundo que cumplir un turno: la oportunidad de transformar una vida.
Lina lleva 15 años en la Policía Nacional y actualmente desempeña labores administrativas en la Estación de Policía Cuba, mientras espera la llegada de su segundo bebé. Es madre de Samantha y pronto de Cristhofer, pero su corazón también hizo espacio para Sebas, un joven con condición especial a quien conoció hace ocho años cuando trabajaba en el CAI Acuario.
Lo que comenzó con un saludo diario se convirtió, con el paso del tiempo, en un vínculo de cariño, apoyo y confianza. Sebastián, quien perdió a sus padres siendo muy joven y hoy vive en situación de calle, encontró en Lina una figura de acompañamiento y protección.
“Soy una amiga de Sebas, aunque él me ve como una mamá. Mi labor como policía ha fortalecido mis bases para ayudar a los demás”, cuenta Lina.
Entre abrazos sinceros y conversaciones cotidianas, en la estación todos conocen la historia de “Mamá Lina”, una mujer que representa el lado más humano del uniforme.
“Soy mamá y soy policía, dos labores muy importantes y titánicas a la vez”, afirma con orgullo.
En este Día de la Madre, historias como la de Lina Sánchez recuerdan que detrás de cada uniforme también hay mujeres capaces de transformar vidas a través de la empatía, el acompañamiento y el amor por los demás.
Hay historias que no quedan en los reportes policiales… pero sí en la memoria de la gente. Y, muchas veces, esa termina siendo la parte más importante.